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Día de la Familia y no Navidad: así se vive el 25 de diciembre en Uruguay
Aunque para muchos resulte llamativo, Uruguay es el único país de América Latina donde la Navidad no se celebra de manera tradicional. La explicación está en una fuerte identidad laica que marcó la historia, la cultura y la vida institucional del país.
24 de diciembre de 2025 - 09:48 hs.
Cada 25 de diciembre, mientras gran parte de la región vive la Navidad como una celebración religiosa central, en Uruguay la fecha transcurre con un perfil mucho más bajo. No hay grandes decoraciones, misas multitudinarias ni rituales públicos asociados a la festividad, una postal que suele sorprender a quienes visitan el país en estas fechas.
Esta particularidad tiene su origen en una ley sancionada en 1919, que eliminó los feriados religiosos del calendario nacional. A partir de esa normativa, celebraciones como la Navidad y la Epifanía dejaron de tener reconocimiento oficial y fueron reemplazadas por conmemoraciones de carácter laico.
En ese marco, el 25 de diciembre pasó a denominarse Día de la Familia. La jornada mantiene algunas costumbres compartidas con la Navidad, como las reuniones y las cenas familiares, pero sin el contenido religioso que caracteriza a la festividad en otros países de América Latina.
Las reformas laicas impulsadas durante el siglo XX también modificaron otras fechas clave del calendario. El 6 de enero, tradicionalmente asociado a la Epifanía, fue reemplazado por el Día del Niño, mientras que la Semana Santa pasó a llamarse Semana del Turismo. Además, se estableció la obligatoriedad del matrimonio civil previo al religioso y se retiraron símbolos religiosos de hospitales y escuelas públicas.
Este proceso refleja una sociedad diversa en términos de creencias. Actualmente, cerca del 40% de la población uruguaya se identifica como no creyente, un dato que reafirma la histórica separación entre el Estado y las prácticas religiosas.
Así, lejos de no celebrarse, el 25 de diciembre en Uruguay se vive de otra manera: sin tradición religiosa, con bajo perfil y centrado en el encuentro familiar, una singularidad que lo convierte en un caso único dentro de América Latina.
