Opinión

Suicidio, un tema del que necesitamos hablar…, por Claudio Javier Botto

En este último tiempo, muy cerquita nuestro, hemos recibido noticias que duelen.

7 de mayo de 2026 - 11:34 hs.

Jóvenes, adolescentes e incluso niños que han decidido quitarse la vida. Situaciones que conmueven profundamente, que sacuden no solo a una familia o a una institución, sino a toda una comunidad. Y entonces aparece, inevitable, la pregunta que resuena en cada conversación: ¿qué está pasando?

Muchas veces, cuando miramos hacia atrás, aparece otra inquietud: “pero si parecía que estaba bien…”. Y es que, en no pocas ocasiones, el sufrimiento no se muestra de manera evidente. Hay sonrisas que tapan angustias, rutinas que ocultan soledades, silencios que dicen más de lo que se puede escuchar a simple vista.

Desde la psicología social clínica, comprendemos que el dolor psíquico no es un fenómeno aislado ni individual. Se construye en relación con otros, en los vínculos, en los contextos que habitamos. Por eso, pensar en la prevención del suicidio implica necesariamente mirar más allá del individuo, y preguntarnos también por nuestras formas de encontrarnos, de escucharnos, de acompañarnos como sociedad.

En la adolescencia y la juventud, etapas de búsqueda, cambios y construcción de identidad, la necesidad de ser escuchado y reconocido es fundamental. Aquí el diálogo cobra un valor enorme. No cualquier diálogo, sino uno genuino, donde haya lugar para decir lo que duele sin miedo a ser juzgado o minimizado.

A veces no se trata de tener respuestas, sino de estar presentes, disponibles, atentos.
Los vínculos —familiares, sociales, escolares— pueden convertirse en un sostén vital. No hablamos de relaciones perfectas, sino de la posibilidad de construir espacios donde alguien pueda sentirse visto, tenido en cuenta, importante para otro.

Un gesto, una pregunta a tiempo, una escucha sincera pueden abrir una puerta cuando todo parece cerrarse.

Las instituciones educativas y la comunidad también tienen un rol clave. La escuela no es solo un lugar de aprendizaje académico, sino un espacio donde se tejen lazos, donde se pueden detectar señales, donde se puede intervenir y acompañar. Promover la educación emocional, generar espacios de escucha y formar a quienes están en contacto cotidiano con jóvenes no es accesorio: es parte del cuidado.

Hablar de suicidio sigue siendo difícil, pero el silencio no protege. Al contrario, muchas veces aísla más. Poder poner en palabras estas realidades, con responsabilidad y sensibilidad, es también una forma de prevenir. Es abrir la posibilidad de que alguien, en algún lugar, sienta que no está solo.

La prevención del suicidio es, en definitiva, una tarea colectiva. Nos invita a construir comunidades más empáticas, más atentas, más humanas.

Donde el dolor no pase desapercibido y donde siempre haya un otro dispuesto a escuchar.

Algunas claves para cuidar y acompañar

Animarse a preguntar y escuchar de verdad


Un “¿cómo estás?” puede ser el inicio de algo importante si estamos dispuestos a escuchar sin apurarnos a responder.

No minimizar lo que el otro siente

Lo que para un adulto puede parecer pequeño, para un joven puede ser abrumador.

Estar atentos a cambios

El aislamiento, el desinterés o ciertas expresiones de desesperanza pueden ser señales de alerta.

Fortalecer los lazos cotidianos

Compartir tiempo, intereses, acompañar.

Los vínculos son una red que sostiene.

Pedir ayuda es parte del cuidado

Ante la duda o la preocupación, recurrir a profesionales de salud mental es un paso necesario y valioso.

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