Opinión

Opinión: Gestionar en la Adversidad: El Valor de Construir a Pesar del Ruido, por Claudio Javier Botto

En tiempos de crisis, la gestión pública se convierte en un desafío que excede lo administrativo para transformarse en un ejercicio de resistencia ética. Hoy, en nuestra Villa de Merlo, asistimos a un fenómeno que merece un análisis profundo desde la psicología social: la brecha entre quienes eligen el camino de la acción, a menudo con recursos limitados y en escenarios complejos, y quienes se posicionan en la vereda del obstáculo sistemático.

6 de abril de 2026 - 11:49 hs.

Hacer mucho con poco: La resiliencia como política

No es un secreto que administrar hoy requiere de una ingeniería de la voluntad. El equipo de gestión local se encuentra ante el desafío de dar respuestas a una comunidad demandante, optimizando cada recurso disponible. Gestionar “con lo que hay” —y a veces con menos de lo que se necesita— es una tarea silenciosa y agotadora que requiere de un compromiso real con la calidad de vida del vecino.

Sin embargo, ese esfuerzo se ve frecuentemente empañado por maniobras que parecen buscar la parálisis institucional. Cuando la energía política se desvía hacia denuncias sobre reglamentos o tecnicismos de quórum, lo que se está haciendo, implícitamente, es intentar frenar un motor que, pese a todo, sigue en marcha.

La comodidad de la crítica sin propuesta

Desde la clínica social, observamos que es mucho más sencillo habitar el rol de “quejoso pasivo” que el de actor responsable. Criticar por el solo hecho de ser oposición, sin aportar una sola idea concreta que ayude a corregir lo que se señala, es una actitud cómoda que no construye comunidad.

Como bien enseña la sabiduría del Quijote, “cuando los perros ladran, es señal de que se cabalga”. Este viejo adagio cobra hoy una vigencia absoluta: el ruido suele ser proporcional al avance. Quien no hace, no se equivoca; pero quien tiene la responsabilidad de conducir los destinos de un pueblo no puede permitirse el lujo de la inacción, aun bajo el fuego de la crítica destructiva.

Un llamado a la responsabilidad colectiva

La institucionalidad de Merlo necesita de una oposición que esté a la altura del esfuerzo que realiza el Ejecutivo. No se trata de pedir silencio, sino de exigir propuestas. Si el oficialismo está haciendo frente a las necesidades de la gente con recursos escasos, lo mínimo que se espera de sus pares en el Concejo es que sumen fuerzas en lugar de sembrar sospechas que solo logran desestabilizar la confianza social.

Independientemente de las simpatías políticas, la honestidad intelectual nos obliga a reconocer el valor de quien se mantiene al frente de la gestión a pesar de las piedras en el camino. Los procesos de mejora personal y social de nuestra gente no pueden quedar de rehenes en una disputa de egos o estrategias de desgaste.

Reflexión final

Cabalgar implica avanzar, a veces contra el viento y muchas veces cuesta arriba. Invito a que, como sociedad, aprendamos a distinguir entre la fiscalización necesaria y el ruido que solo busca distraer. Nuestra Villa necesita de todos, pero sobre todo necesita de gente que, ante la dificultad, elija siempre la mano tendida por sobre el dedo acusador.

COMPARTIR NOTA

Scroll al inicio