Opinión

Volver a mirar el cielo, por Claudio Javier Botto

La importancia de la 12.ª edición de la barrileteada en nuestra Villa de Merlo. Una reflexión sobre el encuentro, la familia, la infancia y los vínculos que se fortalecen cuando una comunidad vuelve a compartir algo tan simple como remontar un barrilete.

31 de agosto de 2026 - 11:24 hs.

Compartir:

Volver a mirar el cielo, por Claudio Javier Botto

Hay algo profundamente humano en reunirse para hacer algo tan sencillo como remontar un barrilete.

Quizás porque, en una época atravesada por las pantallas, la inmediatez y el apuro, volver a jugar al aire libre nos recuerda que hay experiencias que necesitan tiempo, presencia y encuentro. Que no todo puede ser reemplazado por una pantalla y que crecer también implica aprender a estar con otros.

Desde la mirada de la Psicología Social Clínica, lo comunitario tiene un valor enorme: somos sujetos en vínculo. Necesitamos pertenecer, compartir, ser reconocidos y sentir que formamos parte de algo que nos trasciende. Una plaza llena de familias puede ser, en ese sentido, mucho más que un escenario: puede convertirse en un espacio de encuentro, de construcción de lazos y de memoria colectiva.

Pero hay algo más. Cuando un adulto corre detrás de un barrilete junto a un niño, también puede reencontrarse con su propia infancia. Con aquel niño que alguna vez corrió, esperó el viento, se frustró porque el barrilete no subía y volvió a intentarlo, o porque quizás el tiempo hizo que olvidara qué se sentía al armar, ovillar y remontar una cometa.

Recuperar ese juego no es solamente acompañar a nuestros hijos: es permitirnos recordar que también necesitamos jugar, sorprendernos, reír y mirar el mundo con cierta capacidad de asombro.

Y allí aparece la familia, no como una imagen idealizada, sino como ese espacio cotidiano donde podemos transmitir algo que ninguna tecnología puede ofrecer por sí sola: tiempo compartido, escucha, presencia, paciencia y afecto.

La infancia necesita adultos disponibles. Necesita límites, pero también juego. Necesita propuestas, pero también aburrimiento. Necesita tecnología, como parte del mundo en el que vivimos, pero también necesita barro, viento, movimiento, conversación y cielo.

Quizás por eso una barrileteada pudo decirnos tanto.

Porque mientras un niño sostiene el ovillo y un adulto ayuda a encontrar el viento, se produce algo invisible pero fundamental: un vínculo. Una experiencia compartida que queda en la memoria.

Y cuando una comunidad se reúne para cuidar y celebrar sus infancias, también se está cuidando a sí misma.

El domingo, seguramente valió la pena mirar hacia arriba. No solamente para ver los barriletes que iban ganando espacio en nuestro cielo, sino para recordar que, en tiempos de tanta conexión virtual, seguimos necesitando algo tan simple y tan esencial como encontrarnos.

Y que, a veces, para acompañar a nuestros niños a volar, también necesitamos volver a encontrarnos con el niño que llevamos dentro.

Opinión: Lic. Claudio Javier Botto
Psicólogo Social Clínico
Diplomado en Neuropsicología y Psicodiagnóstico
M.P. 1802 – Mat. APSCA 153

Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad

Seguir leyendo