Opinión

La salud mental también empieza en casa, por Claudio Javier Botto

En un contexto donde los trastornos de ansiedad y depresión crecen a nivel mundial, una reflexión sobre el rol de la familia, la escucha y el acompañamiento cotidiano en el cuidado de la salud mental.

24 de mayo de 2026 - 11:41 hs.

Los datos recientes sobre salud mental son tan alarmantes como reveladores: hoy, los trastornos mentales representan más del 17% de toda la discapacidad en el mundo, superando incluso a enfermedades cardiovasculares y al cáncer. Más de 1.200 millones de personas conviven con algún padecimiento de salud mental, una cifra que se ha duplicado desde 1990, impulsada principalmente por el aumento de la ansiedad y la depresión.

Pero detrás de cada estadística hay algo que no siempre vemos: historias personales, sufrimientos silenciosos y, muchas veces, una batalla íntima que se libra dentro del hogar.

La pandemia dejó una huella profunda. Desde 2019, los casos de depresión aumentaron un 24% y los trastornos de ansiedad más de un 47%, afectando especialmente a adolescentes y mujeres. Esta realidad nos obliga a preguntarnos: ¿estamos realmente escuchando a quienes tenemos cerca?

Cuando hablamos de salud mental solemos pensar en hospitales, tratamientos y políticas públicas, todos fundamentales. Sin embargo, existe un espacio preventivo y terapéutico que muchas veces subestimamos: la familia.

Es en casa donde aprendemos, o no, a ponerle palabras a lo que sentimos. Donde descubrimos si expresar angustia será recibido con escucha o con frases que todavía persisten, como “poné voluntad” o “no exageres”. Ese tipo de respuestas no alivian: aíslan.

La familia no reemplaza a un profesional, pero puede ser el primer sostén. Escuchar sin juzgar, preguntar “¿cómo estás de verdad?”, validar emociones y acompañar sin minimizar son gestos simples que pueden cambiar una historia.

Hablar de salud mental no genera problemas; los previene. Nombrar el dolor lo vuelve más soportable. Y en un tiempo donde la ansiedad parece haberse naturalizado, recuperar el diálogo dentro de nuestros hogares puede ser una de las herramientas más poderosas de cuidado.

Porque muchas veces, la primera intervención en salud mental no ocurre en un consultorio. Ocurre en casa. En una conversación sincera.

En un abrazo. En un simple pero decisivo: “estoy acá para vos”.

Lic. Claudio Javier Botto
Psicólogo Social Clínico

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