Opinión

La memoria del radicalismo no puede acomodarse a una interna

El radicalismo entra en un debate que va más allá de una elección interna: volver a las prácticas del pasado o darle lugar a un presente que empieza a construir futuro.

4 de octubre de 2026 - 21:20 hs.

Hoy hay dirigentes jóvenes que crecen en la gestión, asumen responsabilidades y construyen su propio camino. Como parte de un gobierno de coalición, aportan desde distintos espacios y tienen que responder por su trabajo. Frente a ese crecimiento, aparecen discursos cargados de tecnicismos que parecen empujar siempre hacia el mismo lugar: un cierre de criterio, de visión y de puertas.

Las reglas deben cumplirse. Pero quienes buscan conducir también tienen que explicar qué quieren hacer con el partido. Qué lugar ofrecen a los afiliados, cómo piensan abrir la casa radical y qué oportunidades tendrán quienes se acercan por primera vez. Una discusión sobre el futuro de la UCR no puede agotarse en impugnaciones.

También corresponde preguntar dónde estuvieron esas figuras en los momentos más difíciles. Qué sostuvieron cuando había que ordenar las cuentas, cumplir obligaciones y mantener al partido en pie. Ahora que la UCR vuelve a mostrarse a través del trabajo de sus dirigentes, el compromiso de cada espacio merece medirse por algo más que su presencia durante la campaña.

Hay, además, una contradicción que merece ponerse sobre la mesa. Muchos de los jóvenes hoy cuestionados militaron, acompañaron y ayudaron a construir las candidaturas de esos mismos dirigentes. Su participación servía cuando había que impulsar a otros a ocupar cargos públicos. Ahora que tienen responsabilidades y voz propia, su crecimiento parece haberse convertido en un problema.

¿Qué cambió? ¿Por qué quienes eran valiosos para acompañar una candidatura ahora deben justificar su derecho a construir un camino propio?

También importa dónde eligen dar esa pelea. Quienes hoy dicen defender al radicalismo llevan sus cuestionamientos a espacios mediáticos ligados al poder de los Rodríguez Saá, el mismo poder que la UCR enfrentó durante años y a cuya forma de gobernar atribuyó buena parte del deterioro de San Luis. ¿Qué cambió para que ahora encuentren allí una tribuna para atacar a otros radicales? Los afiliados que pusieron el cuerpo en aquella disputa merecen una explicación. La memoria del radicalismo no puede borrarse por la conveniencia de una interna.

Un partido abierto permite discutir, disentir y competir. También exige aceptar que aparezcan otros nombres, que nuevas generaciones crezcan y que el protagonismo cambie de manos. La trayectoria merece respeto, pero no otorga la propiedad del partido ni el derecho a marcarles el techo a los demás.

La casa radical tiene que estar abierta también para quienes dejaron de ser solamente los que acompañan. No se puede convocar a una generación para construir candidaturas y después cerrarle la puerta cuando empieza a construir la suya.

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