Opinión

El valor de las personas en tiempos de relaciones utilitarias

En una sociedad donde muchas veces los vínculos parecen medirse por la utilidad o el beneficio que aportan, una reflexión sobre la importancia de recuperar la empatía, la honestidad y el valor de las personas más allá de lo que pueden ofrecer.

3 de junio de 2026 - 18:50 hs.

Por momentos, pareciera que vivimos en una sociedad donde las relaciones humanas se evalúan más por su utilidad que por su significado. Los vínculos se construyen, sostienen o descartan según el beneficio que puedan aportar, y en ese camino corremos el riesgo de perder algo esencial: la capacidad de reconocer el valor de las personas más allá de lo que hacen, tienen o pueden
ofrecernos.

Desde la psicología social clínica, entendemos que los seres humanos nos constituimos en relación con otros.

Necesitamos de los vínculos para desarrollarnos, aprender, crecer y encontrar sentido. Sin embargo, cuando el interés se convierte en el principal motor de nuestras relaciones, estas suelen volverse superficiales, frágiles y fácilmente reemplazables.

La situación se vuelve aún más compleja cuando descuidamos el vínculo con nosotros mismos. Quien no se detiene a revisar sus emociones, sus miedos o sus propias contradicciones puede terminar encerrado en un mundo de interpretaciones personales que, con el tiempo, son tomadas como verdades absolutas. Allí aparecen los prejuicios, las sospechas permanentes, los chismes y los conflictos innecesarios.

Es frecuente observar cómo una simple situación cotidiana puede transformarse en una historia completamente distinta dentro de nuestra mente. Un mensaje que no llega, una invitación que no aparece o una respuesta breve pueden convertirse rápidamente en pruebas de rechazo, indiferencia o mala intención. Sin diálogo ni reflexión, esas interpretaciones alimentan malestar, generan distancia y terminan confirmando aquello que inicialmente solo era una suposición.

Así se forma un círculo difícil de romper: pensamos mal, nos alejamos, dejamos de comunicarnos y finalmente encontramos razones para sostener nuestras creencias iniciales.

El resultado suele ser el aislamiento emocional, el mal humor constante y la sensación de que los demás son el problema.

Frente a este escenario, recuperar la honestidad se vuelve una necesidad social. Honestidad para reconocer nuestras limitaciones, para expresar lo que sentimos sin agresión y para escuchar al otro sin juzgarlo de antemano. También para aceptar que nuestra mirada sobre la realidad es apenas una parte de una realidad mucho más amplia.

Las relaciones saludables no nacen de la perfección.

Nacen de la disposición a construir confianza, de la capacidad de conversar cuando aparecen las diferencias y de la decisión de valorar a las personas por quienes son y no solamente por lo que pueden aportarnos.

Quizás uno de los desafíos más importantes de nuestro tiempo sea volver a encontrarnos desde una humanidad más auténtica. Menos interés, menos suposiciones y más presencia. Porque cuando aprendemos a relacionarnos mejor con nosotros mismos, también aprendemos a relacionarnos mejor con los demás.

Tres acciones simples para fortalecer nuestros vínculos

  • Cuestionar nuestras certezas: no todo lo que pensamos es necesariamente cierto.
  • Hablar antes de suponer: una conversación sincera suele resolver lo que la imaginación complica.
  • Valorar a las personas por su humanidad: los vínculos más significativos son aquellos donde existe respeto, empatía y reconocimiento mutuo.

En tiempos donde todo parece medirse por su utilidad, recuperar el valor de las personas puede ser un acto profundamente transformador.

Opinión: Lic. Claudio Javier Botto
Psicólogo Social Clínico
Diplomado en Neuropsicología y Psicodiagnóstico
M.P. 1802 – Mat. APSCA 153

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