Opinión
Maternar no es una tarea solitaria: por qué la salud mental materna nos incumbe a todos, por Claudio Javier Botto
En el Mes de la Salud Mental Materna, una reflexión sobre el acompañamiento emocional durante el embarazo y el postparto, el rol de las redes de sostén y la importancia de visibilizar una problemática que atraviesa a toda la sociedad.
13 de mayo de 2026 - 18:13 hs.

Seguro te suena la escena: una mamá con su bebé en brazos, rodeada de felicitaciones y esa presión invisible de “tenés que estar feliz, es el mejor momento de tu vida”. Sin embargo, detrás de esa postal perfecta, muchas veces hay un silencio abrumador.
Mayo es el Mes de la Salud Mental Materna, y es la oportunidad para entender que lo que le pasa a una mujer en el postparto no es solo un proceso privado, sino un termómetro de cómo estamos cuidando la vida como comunidad.
La salud mental no es un lujo, es un derecho
A veces pensamos que la tristeza o la ansiedad tras el parto son “fallas” personales, pero la Organización Mundial de la Salud (OMS) nos da un baño de realidad: 1 de cada 5 mujeres experimentará un trastorno de salud mental durante el embarazo o el primer año de postparto. No es falta de voluntad ni una debilidad del carácter; es un problema de salud pública que requiere atención y respeto.
Desde la psicología social clínica, entendemos que el bienestar emocional de una madre no ocurre en el vacío.
No somos individuos aislados; somos seres vinculares. Una mujer no solo atraviesa una revolución hormonal, sino una crisis vital donde su identidad se reconfigura.
Para que esa transformación sea saludable, necesita lo que los profesionales llamamos una red de sostén.
El mito de la autosuficiencia
En Argentina, entidades como la Asociación Argentina de Salud Mental (AASM) subrayan que la salud mental materna está profundamente ligada al contexto. No se puede estar “bien” si se materna en soledad o en un entorno que invisibiliza el enorme esfuerzo emocional que implica cuidar.
La psicología social clínica nos enseña que el malestar suele ser el eco de un entorno que no está sabiendo acompañar. Si una mamá se siente desbordada, quizás sea el momento de preguntarnos si la función de sostén —familia, amigos y sistema de salud— está realmente presente.
Solemos poner el ojo en el bebé y nos olvidamos de la persona que lo sostiene. Pero la ciencia y la experiencia son claras: cuidar a quien cuida es la base de cualquier sociedad sana.
Validar la ambivalencia: un camino de reflexión
Es fundamental que empecemos a humanizar la maternidad. La clínica social nos invita a validar la ambivalencia: se puede amar profundamente a un hijo y, al mismo tiempo, sentirse vulnerable, agotada o extrañar la propia libertad. Permitir que estas emociones se expresen sin juicio es el primer paso para sanar tanto lo individual como lo social.
“La salud mental materna es el corazón de la salud de la comunidad. Sin apoyo social y servicios integrales, dejamos a las mujeres solas en la tarea más trascendental de la vida”.
Reflexión basada en lineamientos de la OMS y redes de salud perinatal.
Un compromiso compartido
Este mes de mayo, dedicado a la prevención y toma de conciencia de los trastornos perinatales, es una invitación a cambiar la mirada. Si sos mamá y sentís que la angustia pesa demasiado, recordá que buscar espacios de escucha —ya sea en terapia especializada o en grupos de crianza— es un acto de cuidado hacia vos y hacia tu hijo.
Y si estás cerca de una mamá, tu rol es vital. A veces, la mejor ayuda no es un consejo, sino una presencia que no juzga. Preguntar “¿cómo estás hoy?” y estar dispuesto a escuchar la respuesta real, sin filtros, abre un camino de sanación comunitaria.
Porque, en definitiva, la salud mental materna nos recuerda que nadie crece solo. Reconocer nuestra vulnerabilidad y la necesidad que tenemos de los otros es, quizás, el gesto más humano y transformador que podemos cultivar para que maternar sea, finalmente, un camino acompañado de bienestar y dignidad.
Opinión: Lic. Claudio Javier Botto
Psicólogo Social Clínico
Diplomado en Neuropsicología y Psicodiagnóstico
M.P. 1802 – Mat. APSCA 153
